Il cuore di Napoli, de Virgilio Hernando Vaño

Me he tomado mi tiempo para disfrutarlo, y es que estas pequeñas joyas requieren de ello. Requieren de buscar el momento para sumergirse en sus páginas y dejarse llevar. Y bien que lo consigue en este caso Virgilio , que nos transporta a ese anárquico orden, de esa ciudad al sur de Italia.

Se percibe en sus imágenes una bella ciudad decadente, donde el verbo vivir se conjuga de todas las formas posibles. En sus fotos se huele, se oye, se siente Nápoles.

Cuando cierras el libro te queda la sensación de haber estado allí ya, y es que esa manera de contar y transmitir que tiene Virgilio, son su sello personal.

En varios sitios he leído que en este arte de la fotografía nadie nace con el don. Pues discrepo. Virgilio es uno de esos que ha nacido con él. Alguna de las veces que he coincidido con él haciendo fotos, he sido testigo de como es capaz de intuir, ver y resolver un instante, sin que tú tengas tiempo ni a pestañear. El se lleva la foto en el sensor y tu no has sido consciente de nada.

Destaco también el buen hacer de mi también amigo Juan Carlos Santacana, que ha participado en el diseño y ha sido responsable de la impresión de este precioso libro.

Enhorabuena amigo Virgilio por este libro, que ya tiene un sitio de honor en mi pequeña biblioteca fotográfica.

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2 respuestas a «Il cuore di Napoli, de Virgilio Hernando Vaño»

  1. Mira que me gusta hablar, bueno, a veces, pero ahora me has dejado sin palabras, amigo Javi. Ayer mismo le decía a un colega fotográfico que eran mil veces mejor las críticas negativas, porque de ellas siempre se aprende, y que las alabanzas tan solo sirven para alimentar nuestro ya de por sí elevado ego. Bueno, pues con tu crítica a mi «cuore» tengo que desdecirme en la primera parte de mi afirmación y, en cuanto a la segunda parte, poner freno al desbocado ego que me has insuflado. Pero hay una parte en lo escribes que me enorgullece sinceramente, y es que haya podido transmitir en sus páginas lo que es esta caótica, bella y única ciudad, y que tú hayas podido deambular por sus calles a través de las páginas del libro. Preciosa, y precisa, tu definición de Nápoles con ese «donde el verbo vivir se conjuga de todas las formas posibles», porque es rigurosamente cierto. Y la anécdota a la que creo te refieres al final la recuerdo perfectamente, en la calle Miguel Fluiters cuando nos cruzamos con una pareja y su perro, ¿verdad? Pero eso no es ni don ni leches. Es, simplemente, no pararte a pensar, fotografiar directamente con el corazón. Un fuerte abrazo, amigo Javi.

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